Marzo

Cada vez me sorprende más lo rápido que pasa el tiempo. Pronto acabará este curso, este primer año lleno de descubrimientos y sobretodo pasión por lo que hago, bueno… básicamente por lo que haré. Sin embargo, el camino para ser lo que me gusta (para no trabajar más en vida, porque si haces la que te gusta nunca trabajas) a veces no me gusta tanto, como el hecho de conllevar la frustración, a continuación viene una confesión, pero por favor te pido que no se lo digas al profe -se lo suplica en paulatinamente-, pero mi idea principal en el microtaller sobre proyectos un era comunicarme con la orientadora de mi antiguo centro, incluso mandé a mi hermana a hablar con ella y ni hablar de mi súper correo con mis saludos cordiales, pero me hizo ghosting doble, desconstruyendo mi idea de actividad en clase que era traer una experiencia real al aula, porque la gran parte de mis compañeros desempeñara ese papel, pero a la final pude darle otro enfoque al taller, que fuera interesante como la perspectiva del estudiante ante estos nuevos proyectos y como vivieron la experiencia dentro la isla, dado que se trataba de un intercambio de culturas a nivel peninsular e insular, tanto de idiomas como de cultura ecológica, de océanos sobretodo. Además de mi proyecto, la experiencia de explicarle a mis compañeros de primera mano este proyecto que marcó tanto la independencia y aprendizaje de mi hermana fue maravilloso y desafiante, dado que cada vez tenía que ser más concisa con mis palabras y podía quedarme corta en muchas ocasiones.

Por otra parte, mis compañeros nos retroalimentaron a todos con diferentes proyectos, aunque el que más me gustó fue el de Sofía, ya que integraban el inglés en el aula, facilitando así el aprendizaje del idioma, lo que yo tanto necesitaba y necesito hasta el día de hoy (llora en hispanohablante).

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